Empate técnico y reacomodo político: la encuesta Invamer aprieta la carrera por el segundo lugar

A 34 días de las elecciones presidenciales, la contienda entra en una fase donde la pelea por el segundo lugar empieza a definir el rumbo de la campaña. La más reciente encuesta de Invamer para Noticias Caracol y Blu Radio muestra a Iván Cepeda con una intención de voto del 44,3%, mientras que Abelardo de la Espriella (21,5%) y Paloma Valencia (19,8%) entran en lo que ya es, en términos técnicos, un empate.

Pero más allá de la cercanía en los números, lo que empieza a marcar diferencia es la trayectoria de cada campaña. De la Espriella muestra un crecimiento sostenido, pasando de 18,9% a 21,5%. Valencia, en cambio, registra un salto más amplio en el mismo periodo: de cerca del 10% en febrero a casi 20% en abril. Son dos formas distintas de llegar al mismo punto.

Esa diferencia de ritmo pone el foco en una variable clave para lo que queda de campaña: quién tiene mayor capacidad de ampliar su base. En contiendas cortas, donde el margen de maniobra es limitado, no solo importa cuánto se crece, sino desde dónde se crece y hacia dónde.

No se trata necesariamente de un giro ideológico del electorado, sino de una reconfiguración del lenguaje político. En un escenario saturado de confrontación, la combinación entre contenido y carácter parece estar ganando terreno frente al discurso puramente reactivo. Valencia ha dejado de ser percibida únicamente como una opción de nicho.

El contexto ayuda a explicar parte de ese movimiento. El electorado de centro, que en otros ciclos funcionaba como zona de equilibrio, hoy muestra señales de debilitamiento. La encuesta refleja caídas importantes en sus principales figuras: Claudia López pasa de 11,7% a 3,6%, y Sergio Fajardo de 6,6% a 2,5%. 

La encuesta también deja ver otro dato clave: el comportamiento en segunda vuelta. Aunque Cepeda sigue liderando en todos los escenarios, la brecha cambia de manera significativa dependiendo del contendor. Frente a Valencia, la distancia se reduce de forma más marcada que frente a De la Espriella. No es un detalle menor. En términos electorales, eso sugiere que su candidatura tiene una mayor capacidad de sumar por fuera de su base natural.

Ese punto conecta con una lectura más amplia del momento político. El crecimiento de Valencia podría estar capturando algo más que votos de derecha: un segmento de electores que, sin identificarse plenamente con el centro tradicional, tampoco se siente representado por los extremos más rígidos. Es un espacio difuso, pero cada vez más decisivo.

De la Espriella, por su parte, parece haber alcanzado un techo más claro. Su discurso se mantiene y parece haber alcanzado el límite. En campañas cortas como esta, donde el tiempo para reinventarse es mínimo, la capacidad de atraer nuevos votantes pesa más que la de reafirmar a los propios.

Nada de esto redefine aún la elección pero sí cambia la conversación sobre quién puede llegar a disputarle el poder en una eventual segunda vuelta. Y, sobre todo, introduce un matiz importante: no todos los crecimientos valen lo mismo.

En ese contexto, el ascenso de Paloma Valencia abre una pregunta que va más allá de nombres propios: ¿está el electorado buscando una oposición con mayor densidad argumentativa y menos dependencia del choque, o simplemente estamos viendo a un sector del centro tomar posición en un escenario cada vez más polarizado?

Faltan pocas semanas para responderlo.