Día de la madre: Una fecha en la que se cruzan el amor y la violencia

El Día de la Madre es, tradicionalmente, la celebración máxima de la gratitud y la unidad familiar. Sin embargo, detrás de los ramos de flores y las cenas festivas, las estadísticas revelan una realidad sombría y persistente: en Colombia, esta fecha se ha catalogado año tras año como una de las jornadas más violentas del calendario. La paradoja es alarmante, invitaciones familiares mal gestionadas transforman la festividad en un escenario de tragedias.
Según datos históricos de la Policía Nacional y el Instituto Nacional de Medicina Legal, el segundo domingo de mayo suele superar en índices de criminalidad el panorama se agrava al observar que las riñas aumentan hasta un 150% en comparación con un fin de semana promedio, lo que desborda la capacidad de las autoridades. 
Esta tensión se refleja directamente en la seguridad de las mujeres, ya que en 2023 la Fiscalía General de la Nación reportó que las llamadas a las líneas de emergencia por violencia de género e intrafamiliar registraron picos de hasta 1,200 reportes por hora en las principales ciudades.
La gravedad de estos reportes no es menor, pues se estima que el 80% de los casos de violencia física registrados en esta fecha están directamente vinculados al estado de embriaguez de los agresores. Esto convierte a una festividad que debería exaltar la protección de la mujer en una de las fechas donde el género femenino se encuentra más vulnerable dentro de su propio núcleo cercano.
Un ejemplo reciente y doloroso ocurrió durante la celebración de 2023, cuando el país se conmocionó por cuatro feminicidios registrados a nivel nacional en plena jornada festiva. Uno de los casos más mediáticos fue el asesinato de una mujer en el centro comercial Unicentro de Bogotá, mientras que otros reportes incluyeron el asesinato de una madre que celebraba con su familia y otra víctima que se encontraba en estado de embarazo. Estos hechos subrayan que, incluso en un día dedicado a honrar a las madres, la violencia de género no da tregua, dejando un saldo de luto en lugar de gratitud. 
A pesar de los esfuerzos institucionales, como la campaña «El amor es con hechos» de la Policía Metropolitana de Bogotá, que ha desplegado hasta 9,000 uniformados y patrullas especiales en localidades críticas como Usaquén, Los Mártires y Fontibón, las cifras de incautación siguen siendo alarmantes. Solo en el fin de semana de 2025, las autoridades colombianas incautaron más de 5,100 armas blancas y aplicaron más de 13,000 comparendos por comportamientos contrarios a la convivencia. 
Finalmente, el impacto de esta fecha obliga a un despliegue de fuerza pública sin precedentes en ciudades como Bogotá, Medellín y Cali. Las autoridades se ven compelidas a tratar el Día de la Madre no como un evento cultural, sino como una emergencia de seguridad nacional, activando operativos similares a los de una jornada electoral o un partido de fútbol de alto riesgo. La ironía colombiana reside en que, mientras las floristerías y restaurantes reportan sus ventas más altas, las unidades de cuidados intensivos y las URI de la Fiscalía reciben un flujo constante de ciudadanos que convirtieron el homenaje a sus madres en un historial clínico o judicial, demostrando que el consumo de alcohol y la falta de tolerancia siguen siendo los principales enemigos de la paz familiar en el país.